Archivos mensuales: febrero 2016

Póngame cuarto y mitad de trabajador perfecto

 “Está decidido. No ha sido fácil, pero por fin tenemos luz verde para contratar esa persona que tanta falta nos hace. Necesito que encuentres al trabajador perfecto.”

Más o menos así es como se suele poner en marcha la maquinaria de un proceso de selección. Para que todo resulte bien, lo primero es conocer cómo debe ser la persona seleccionada. En mi opinión, este es uno de los momentos más importantes de un proceso de selección. Con el tiempo he ido adquiriendo suficiente oficio para disfrutarlo, pero recuerdo la sensación de vértigo ante las primeras solicitudes de personal. Al principio me parecía misión imposible encontrar a alguien que se ajustara a unas expectativas tan exigentes. Sentía que me habían confundido con su hada madrina porque me formulaban mil y un deseos sobre las bondades de ese trabajador perfecto.

 

RRHH_Hada_Madrina_retocado 2

 

En la mayoría de las ocasiones, la persona que hace esta solicitud de personal no puede disimular un gesto a medio camino entre “qué pereza me da” y “lo quiero para ayer”. Hasta llegar a este momento, seguro que ha tenido que librar más de una batalla para convencer a los de arriba, “vendiendo” los beneficios que aportará a la empresa hacer esta contratación. Es normal que apenas pueda esperar a que llegue quien traerá consigo tantas soluciones.

Hay que conservar la calma y no dejarse contagiar de esa impaciencia. Para seleccionar a la persona adecuada, es importante hacerse una idea clara de qué hace falta y decidir cómo se va a evaluar si los candidatos cumplen con esos requisitos. Te acaban de dar una lista larguiiiiiísima con características de todo tipo. Es justo en ese momento cuando, con la mejor  de tus intenciones, preguntas ¿Cuáles de estos requisitos son imprescindibles? Ahora la cara es de “¿Qué me estás contando?” y te responden: “lo queremos todo, todo y todo y lo queremos ahora” cómo diría Queen (I want it all, and I want it now).

Haciendo un buen acopio de paciencia, tratas de poner un poco de razón y preguntas: ¿Realmente es tan decisivo que sea forofo/a del Real Madrid? “Buenoooo, no sabes el team-building que hacemos cuando quedamos todo el equipo para ver un partido juntos”. Y no te queda más remedio que reconocer que tiene su importancia y comprometerte a agitar la varita con total convicción para tratar de conceder también ese deseo.

 

¿Qué necesitas para ser el trabajador perfecto?

  • Capacitación técnica para el desempeño de ese trabajo. Obviamente hay que empezar por aquí, de hecho, es la mayor parte del contenido que aparece en las ofertas de empleo. Conocimientos de tal programa, experiencia en cual sector, buen desempeño en un puesto similar, etc.
  • La conciliación de la vida personal y laboral tiene un peso decisivo.
  • Compatibilidad con las personas del equipo, sobre todo con su jefe inmediato.
  • Capacidad de adaptación. Últimamente la exigencia en este aspecto es cada vez mayor. He visto casos en que, más que un trabajador, parecía que querían incorporar un electrodoméstico que, según llega, lo enchufas y funciona al 100%.
  • Afinidad con la filosofía y el estilo de comunicación propios de la empresa.
  • Imagen ajustada al puesto.
  • Actitud adecuada. Siempre atraen más las personas que transmiten energía y positividad, pero tampoco convence el entusiasmo sobreactuado.
  • Que aparezca en el momento oportuno. Es fundamental que la fortuna juegue a tu favor en algunas ocasiones. Recuerdo un caso en que una candidata perdió todas sus opciones porque se llamaba prácticamente igual y se parecía mucho a la persona que se acababa de despedir en ese mismo puesto. A pesar de que su perfil era muy bueno, se la descartó porque su sola presencia despertaba demasiados fantasmas.
  • Que tenga buenas referencias. A veces lo que termina de inclinar la balanza hacia un determinado candidato es que terceros hablen de su valía y confirmen sus logros.

Mi recomendación para cualquier persona que participe en un proceso de selección es, si quiere mostrarse como ese trabajador perfecto, que prepare a fondo todas las cosas que están bajo su control y que las presente de manera clara, atractiva y con honestidad. También debe asumir que va a haber otros muchos condicionantes que nunca sabrá y sobre los que no puede influir. Es imposible controlarlo todo, así que más vale concentrarse en lo que depende de uno mismo.

Texto y dibujos
Ana Merino
Directora Personas TFP