Archivos mensuales: junio 2015

Claves para hacer mejores vídeos (2) ¿Qué quiero contar, para qué y a quién?

Está claro que el formato vídeo es apreciado por los usuarios y el audiovisual es, en muchas ocasiones, el lenguaje más directo. Pero, ahora que has decidido hacer mejores vídeos para promocionarte a ti o a tu negocio, ¿te has planteado los objetivos de ese o esos vídeos?

Esto, que a alguno le parecerá una perogrullada, a lo mejor no lo es tanto. En ocasiones la idea de hacer un vídeo entra antes en nuestra cabeza que el objetivo en sí. Esto, que de por si no es malo, debe de llevarnos a una reflexión posterior ¿De veras esa idea tan fantástica sirve a nuestros propósitos? Dados los mismos ¿no podríamos comunicarlos mejor de otro modo? ¿Hay elementos que no hemos incluido que nos permitirían enriquecer nuestro mensaje?

¿Qué objetivos tiene mi vídeo?

¿Qué quiero contar?

Para explicar esto me pongo a mi misma como ejemplo. Cuando iba a comenzar esta serie llevaba tiempo planteándome que quería escribir en un blog y pensando qué podía contar. (Como inciso diré que de hecho he colaborado en el blog de mi amiga Irune Gómez, “La mujer pulpo” con una sección llamada Marejadas). Por fin, y después de darle muchas vueltas, pensé en la posibilidad de hacer algo didáctico para personas que hacían vídeo de manera no profesional (mi qué) y al hilo de esta primera reflexión, empecé a hacer el ejercicio de enumerar qué temas podría ser interesante tocar. El primero, por cierto, la importancia de una idea clara de la misión de nuestro vídeo.
Y es que, nuestro amiguito el vídeo, tiene una misión. No va por la vida como un duende de nuestra creatividad que han dejado suelto, sino de la mano de nuestra voluntad en pos de su objetivo.

¿Para qué?

Y ese objetivo es su para qué. Salvo que lo hagamos como un ejercicio de creatividad pura, ese vídeo queremos que cumpla una función, y esto condiciona, cual pescadilla que se muerde la cola, su propio contenido (el qué de antes). Hay aspectos que podríamos tratar en el vídeo que pueden resultar improcedentes para la misión que le hemos asignado, aunque estén relacionados con él. Por ejemplo, si tiene un objetivo didáctico, tengo que elegir un formato que efectivamente permita a quien lo vea aprender. Y esto enlaza con el último punto.

¿Para quién?

El público de mi vídeo condiciona totalmente la forma de hacerlo y las prioridades de comunicación que debo establecer. Condiciona la terminología a utilizar en cuanto al lenguaje oral y también la iconografía, la estructura y el tipo de guión que me marque. Tengo que hacer algo en un lenguaje que sintonice con los potenciales consumidores de ese vídeo al mismo tiempo que con mis objetivos y la imagen que quiero transmitir.

Poniéndolo en práctica

Por ejemplo, imaginemos que lo que quiero contar es lo buena que soy desarrollando mi actividad profesional, y que ésta consiste en un trabajo en el que se requiere cierta destreza realizando la misma. Este objetivo puede  tener varios para qué: puede ser para que mis potenciales clientes me conozcan y me vean como una persona digna de confianza. Pero también puede ser para que vean mi destreza realizando ese trabajo. Podemos pensar que una manera sencilla de hacerlo en vídeo es contando a cámara lo que hago y qué me hace mejor que otros al realizarlo. Puede incluso que piense que está muy bien en mi caso puesto que la gente dice que pongo mucha pasión al contarlo y que hablo muy bien.
Este formato podría ser adecuado para mi primera motivación, pero si lo que quiero es demostrar mi pericia, sería más interesante hacer una grabación en la que se me vea desarrollando la actividad. También puede ser una buena manera para “vendese” mostrar los resultados de mi trabajo, si estos son materiales. Y no siempre será necesario hacerlo con imágenes en movimiento. Puedo utilizar fotografías y encadenarlas en una secuencia con música (ojo con los derechos de autor de las músicas, por cierto).
Imaginemos por un momento que la idea que se me ha ocurrido para mi vídeo es disfrazarme de duende y mostrar que mis resultados son como magia para los clientes. Mientras duermen el duende va a su negocio o su hogar, realiza el servicio, y los clientes se despiertan y, asombrados, alaban los resultados del trabajo de ese duende tan fantástico que les ha dejado todo tan bien.
Esto, descartando las dificultades de producción (que luego no serían tantas porque ¿quien no tiene un amigo al que le guste montar teatrillo y un disfraz de duende por casa?), puede ser divertido y, quién sabe si hasta viral, pero puede plantear algún problema dependiendo de a quién quiera llegar ¿Y si dirijo mi vídeo a un potencial cliente que busca seriedad en el servicio que presto o lo que hago se aplica sobre un tema “sensible” para el cliente?

Con el humor por cierto, hay que tener cierto cuidado. Y esto me lleva a una advertencia que haré de vez en cuando parafraseando una famosa serie televisiva:

NO APLIQUE ESTAS TÉCNICAS SIN LA AYUDA DE UN PROFESIONAL

Ahora que sé qué quiero contar, para qué y a quién: ¿Cómo puedo organizar la información de manera coherente? ¿Cómo puedo mostrarla en un formato audiovisual? Eso será en el capítulo 3.

Os dejo con un vídeo interesante. En este caso se trata de un caso de humor aplicado de manera magistral a un tema sensible (como sólo una profesional y un ser humano de calidad puede hacerlo, haciendo reflexionar, sin herir). Se trata del vídeo de anímación “Sobresaltos” de Olga Montolío, a la que se echa mucho de menos.

¡Hasta pronto!

Beatriz Marcos Picazo
comunicación TFP